Andrea atraviesa una dolorosa ruptura amorosa y, en su intento por escapar de la intranquilidad que la consume, regresa a los lugares donde nacieron sus recuerdos más felices. Buscando calma, vuelve al agua: su refugio. La laguna de Tota, escenario de su infancia y de los primeros años de un amor que ahora solo existe en la memoria, se convierte en el espacio donde intenta ordenar sus pensamientos y reconciliarse con lo que siente.
Mientras recorre estos paisajes, en su mente resuena su poema favorito de Oliver Kozlov, un susurro íntimo que guía su proceso emocional. Entre silencio, nostalgia y versos que la acompañan, Andrea emprende un viaje profundo hacia la sanación.